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Mejores tratamientos para cálculos renales

  • Foto del escritor: Dr Miguel Hernandez
    Dr Miguel Hernandez
  • 30 ago
  • 5 min de lectura

Un dolor intenso en la espalda o el costado que aparece sin aviso, náusea, ardor al orinar o sangre en la orina pueden ser señales de un cálculo urinario. Cuando ocurre, la pregunta es inmediata: ¿cuáles son los mejores tratamientos para calculos? La respuesta no es igual para todos. Depende del tamaño, ubicación y composición de la piedra, pero también de sus síntomas, su salud general y de si existe una infección que requiera atención urgente.

Los cálculos renales son frecuentes y, aunque muchas veces pueden tratarse sin cirugía abierta, no conviene normalizar el dolor ni esperar demasiado. Una valoración urológica oportuna permite controlar los síntomas, proteger la función del riñón y elegir una alternativa que le ayude a recuperarse con la menor intervención necesaria.

El mejor tratamiento depende de su cálculo

No todas las piedras urinarias se comportan igual. Algunas son muy pequeñas y pueden salir de forma espontánea; otras obstruyen el paso de la orina, producen cólicos repetitivos o permanecen en el riñón y crecen sin causar molestias al principio. Por eso, tomar medicamentos por cuenta propia o confiar únicamente en remedios caseros puede retrasar una solución adecuada.

El urólogo suele apoyarse en estudios de imagen, como ultrasonido o tomografía, además de análisis de orina y sangre. Con esta información puede responder preguntas clave: dónde está el cálculo, qué tan grande es, si está bloqueando el uréter, si hay infección y cuál es el estado de ambos riñones.

De manera general, una piedra menor de 5 milímetros tiene más probabilidad de expulsarse sola. Sin embargo, la medida no es el único criterio. Un cálculo pequeño que provoca dolor incontrolable, vómito continuo, fiebre o bloqueo urinario puede requerir intervención. En cambio, uno algo mayor puede valorarse de forma programada si no compromete el drenaje del riñón ni causa una urgencia.

Mejores tratamientos para cálculos según cada caso

Vigilancia médica y expulsión espontánea

Cuando el cálculo es pequeño, no hay infección y el dolor puede controlarse, el primer paso puede ser un manejo conservador. Esto incluye medicamentos para el dolor, fármacos que relajen el uréter en pacientes seleccionados y una hidratación razonable, indicada por su médico.

Beber agua puede ayudar a mantener una buena producción de orina, pero no debe forzarse el consumo de líquidos durante un cólico intenso, especialmente si hay obstrucción, náusea o vómito. Tampoco es recomendable asumir que una bebida, té o suplemento puede disolver cualquier piedra. La mayoría de los cálculos no se disuelven con remedios naturales.

Durante este periodo se da seguimiento a los síntomas y se confirma, mediante estudios, que la piedra ha salido o que continúa avanzando. Si el dolor persiste, la piedra no progresa o aparece un dato de alarma, el plan debe cambiar.

Tratamiento médico para cálculos de ácido úrico

Algunos cálculos, particularmente los formados por ácido úrico, pueden reducirse con medicamentos que alcalinizan la orina. Esta alternativa es muy útil cuando está bien indicada, pero requiere confirmar el tipo probable de piedra y vigilar el pH urinario.

No todos los cálculos responden a este enfoque. Los más comunes, formados por calcio, generalmente no se disuelven con fármacos. Por ello, el tratamiento médico debe basarse en un diagnóstico, no en la promesa de una solución rápida.

Litotricia extracorpórea por ondas de choque

La litotricia utiliza ondas de choque aplicadas desde fuera del cuerpo para fragmentar ciertos cálculos. Los fragmentos pequeños se eliminan posteriormente por la orina. Es una opción menos invasiva y puede ser conveniente en piedras de tamaño y ubicación específicos.

Su principal ventaja es que no requiere introducir instrumentos en las vías urinarias. Sin embargo, no funciona igual en todos los pacientes. La dureza del cálculo, su localización, el peso corporal y la anatomía del sistema urinario influyen en el resultado. En algunas ocasiones se necesitan más de una sesión o un procedimiento adicional para retirar fragmentos que no salgan por sí solos.

Ureteroscopia con láser

La ureteroscopia es uno de los procedimientos de mínima invasión más utilizados para tratar cálculos localizados en el uréter y en ciertas áreas del riñón. El especialista introduce un instrumento delgado a través de la uretra y la vejiga, sin incisiones externas, hasta llegar al cálculo. Después, un láser lo fragmenta para extraerlo o permitir que sus restos se eliminen.

Este procedimiento ofrece una visualización directa de la piedra y suele tener una alta tasa de éxito. Es especialmente útil cuando el cálculo causa obstrucción, cuando la litotricia no es adecuada o cuando se busca una resolución más inmediata. En algunos casos se coloca temporalmente un catéter ureteral, conocido como doble J, para favorecer el drenaje y la recuperación del uréter.

El doble J puede provocar urgencia para orinar, sensación de presión o molestias leves mientras permanece colocado. Saberlo antes del procedimiento ayuda a vivir el proceso con menos ansiedad. El urólogo indicará cuándo retirarlo y qué síntomas ameritan una llamada o revisión.

Nefrolitotomía percutánea para piedras grandes

Cuando hay cálculos grandes, múltiples o complejos dentro del riñón, la nefrolitotomía percutánea puede ser la alternativa más efectiva. Se realiza una pequeña entrada por la espalda para acceder directamente al riñón y retirar o fragmentar la piedra.

Aunque es un procedimiento de mayor complejidad que la ureteroscopia, evita la cirugía abierta tradicional y permite tratar piedras que difícilmente saldrían por otros métodos. La estancia hospitalaria y el tiempo de recuperación dependen de cada caso, pero el objetivo es lograr una solución segura, preservar el riñón y disminuir la posibilidad de tratamientos repetidos.

Cuándo un cálculo requiere atención urgente

El dolor de un cólico renal puede ser muy fuerte, pero hay síntomas que no deben esperar una cita de rutina. Fiebre, escalofríos, incapacidad para orinar, vómitos persistentes, dolor que no mejora con el tratamiento indicado o debilidad importante requieren valoración inmediata.

La combinación de infección y obstrucción urinaria puede ser una urgencia seria. En esa situación, la prioridad inicial puede ser drenar el riñón mediante un catéter ureteral o una nefrostomía, además de tratar la infección. La eliminación definitiva de la piedra se realiza después, cuando el paciente esté estable y sea seguro proceder.

También conviene acudir pronto si tiene un solo riñón, enfermedad renal crónica, diabetes descontrolada, trasplante renal o antecedentes de cirugías urológicas. En estos casos, la decisión debe ser especialmente cuidadosa y personalizada.

Después de retirar la piedra: evitar que vuelva

Eliminar un cálculo resuelve el episodio actual, pero no siempre evita el siguiente. Quienes ya han tenido una piedra tienen mayor riesgo de formar otra, sobre todo si no se identifica la causa. Analizar el cálculo recuperado y realizar una evaluación metabólica puede orientar medidas preventivas mucho más precisas.

Para muchas personas, el cambio más importante es aumentar el consumo de agua hasta lograr una orina clara o amarillo muy pálido durante la mayor parte del día. La meta exacta varía según el clima, actividad física, peso, función renal y otras condiciones médicas. Vivir en zonas calurosas o sudar mucho aumenta la necesidad de reponer líquidos.

Reducir el exceso de sal, moderar las porciones de proteína animal y mantener una alimentación equilibrada suele beneficiar a numerosos pacientes. No obstante, no se debe eliminar el calcio de la dieta sin recomendación médica. Una restricción innecesaria puede afectar la salud ósea e incluso favorecer algunos tipos de cálculos. La prevención efectiva se construye según la composición de la piedra y los resultados de sus estudios.

Una decisión médica clara, sin más dolor del necesario

Elegir entre observación, medicamentos, litotricia, ureteroscopia o cirugía percutánea no debería basarse solo en el miedo a un procedimiento. Debe basarse en qué opción ofrece mayor seguridad, mejor posibilidad de eliminar el cálculo y menor impacto en su vida diaria.

En Unidad de Urología, el objetivo es encontrar la mejor solución para su problema con diagnóstico preciso, alternativas de mínima invasión y acompañamiento cercano antes, durante y después del tratamiento. Si el dolor urinario está alterando sus días o ya sabe que tiene un cálculo, una valoración especializada puede darle claridad y un camino seguro para volver a sentirse bien.

 
 
 

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